Señor director:
Cada año, cuando se acerca el 8 de marzo, resurge el debate sobre si debemos “conmemorar” o “celebrar” el Día de la Mujer. Y mientras nos perdemos en esas discusiones, lo realmente urgente sigue esperando: las desigualdades estructurales que siguen afectando a millones de mujeres en Chile y el mundo.
No hay duda de que debemos conmemorar esta fecha, porque es un acto de memoria y reconocimiento hacia todas las mujeres que, con su lucha, nos permitieron avanzar en derechos y oportunidades. Pero también tenemos razones para celebrar los avances logrados tras décadas de esfuerzos. No nos confundamos: celebrar no significa bajar la guardia ni perder de vista todo lo que falta por hacer.
La realidad nos golpea con cifras imposibles de ignorar: las mujeres siguen ganando menos que los hombres por el mismo trabajo, continúan asumiendo la mayor parte del trabajo doméstico y de crianza y aún enfrentan altos niveles de violencia. La pandemia, además, nos hizo retroceder décadas de avances, sobrecargando a las mujeres con múltiples roles y frenando su autonomía económica.
Si en vez de discutir sobre cómo nombramos este día nos enfocáramos en impulsar cambios reales, podríamos avanzar más rápido hacia una sociedad equitativa. La igualdad de género no es solo un asunto de mujeres, sino de justicia social y desarrollo para todos.
Carmen Gloria Arroyo Abogada y socia del área de Familia GrupoDefensa.cl
Fuente: Simplicity